domingo 30 de marzo de 2008

Partidos políticos: ¿necesarios?

El sistema político Mexicano está conformado por partidos desde hace 90 años. Comienza esta era de partidos al terminar el Porfiriato, con la formación, en 1929 del Partido Nacional Revolucionario, fundado por Plutarco Elías Calles. Este partido, posteriormente (1938), se convertiría en el Partido de la Revolución Mexicana para que finalmente en 1948 tome el nombre actual: Partido Revolucionario Institucional (PRI).

El Partido Acción Nacional (PAN) se formó en 1939, momento a partir del cual se consolida el inicio efectivo del sistema de partidos en México.

A lo largo de la historia de México han existido no menos de 40 partidos político reconocidos. Entre ellos encontramos partidos nacionales y partidos estatales. La gran mayoría se forma y luego desaparece al perder el registro legal por no obtener en las elecciones el mínimo de votos requeridos para conservarlo. Algunos desaparecen porque se fusionan con otros, dando origen a nuevos partidos o simplemente desapareciendo.

Hoy vivimos un desencanto hacia los partidos políticos por parte de los ciudadanos. Esto ha sido ocasionado por el alto nivel de corrupción que imperó durante los más de 70 años de hegemonía del PRI, en combinación con las luchas intestinas que se dan entre los diferentes grupos dentro de los partidos, tal y como lo estamos viendo hoy dentro del PRD.

Nos parece que el éxito o fracaso del sistema de partidos depende tanto de la moderación (en algunos casos), como de la polarización, (en otros casos).

En nuestra opinión, la mejor forma para que la sociedad participe en política es a través de asociaciones de grupos de personas que por su afinidad y coincidencia en alguna doctrina o ideología, comparten los mismos valores y se unen formando un proyecto común que resulta en un partido político.
En Latinoamérica se le está dando importancia a la relación entre el sistema de partidos y el sistema político en el contexto para mejorar la gobernabilidad y consolidar la democracia. En esto México ya avanzó, pasando de un sistema de partido hegemónico hasta antes de los años 90, a un sistema de pluralismo moderado.

Pero en el contexto en que los partidos tratan de avanzar y posicionarse, y ante una lucha externa entre ellos por gobernar (además de sus luchas internas, en unos encarnizadas y en otros moderadas), surge un nuevo escenario: el de las candidaturas ciudadanas o independientes.

El día 6 de marzo pasado , en el Senado de la República, en comisiones unidas de puntos constitucionales y de estudios legislativos, se deroga la última parte del inciso e) de la fracción IV del artículo 116 de la Constitución Política de México, con el afán de conseguir la equidad entre todos los actores en las elecciones y exaltando el derecho político de los ciudadanos. El inciso derogado le daba la exclusividad a los partidos políticos de registrar candidaturas.

Con esa modificación constitucional, se abre paso a las candidaturas ciudadanas en las entidades federativas y dado que la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales del Estado de Yucatán (desde la reforma publicada el 21 de enero de 2007) permite las candidaturas ciudadanas, nos hemos ganado el glorioso primer lugar a nivel nacional en avance democrático. ¡Yucatán está a la vanguardia! De hecho contamos con el primer municipio a nivel nacional que es gobernado por una persona que fue candidato ciudadano en las pasadas elecciones de 2007: Yobaín.

En este nuevo contexto electoral, con candidaturas ciudadanas o independientes, surgen dos interrogantes: 1) ¿avanzamos en democracia? y 2) ¿tendremos mejores gobernantes? En opinión de este servidor, ninguna de las 2 interrogantes tiene una respuesta afirmativa.

Notemos que hay riesgos, y muchos, en las candidaturas ciudadanas. Nuestra baja escolaridad como país, golpeado además por la pobreza y los contrastes sociales tremendos, son factores que producen ansiedad en la sociedad, además de profundos sentimientos de desencanto o de frustración ciudadana. Estas circunstancias nos pueden llevar a colocar en el poder a un populista mesiánico, como está sucediendo en varios países de Latinoamérica.

Es posible vislumbrar dos potenciales escenarios: 1) grupos delictivos organizados, como el narcotráfico, que podrían infiltrarse con su poder económico financiando campañas políticas y 2) grupos de poder en los poblados (los llamados "tatiches") sobre todo en municipios pequeños, que podrían, como negocio, financiar a sus propios candidatos independientes, persiguiendo el cobro de utilidades cuando el candidato patrocinado llegue al poder.

Hoy, la crítica profunda a los partidos políticos, fenómeno influenciado por los medios de comunicación y que impide la mayor institucionalización del sistema de partidos, puede motivar su destrucción, como en el caso de Venezuela. Allí los medios de comunicación golpearon y desacreditaron tanto a los partidos políticos, que facilitaron el arribo al poder de uno de esos populistas mesiánicos, el independiente Hugo Chávez, con las consecuencias que los mismos medios de comunicación están pagando.

Definitivamente el reto es grande. Esperemos que el razonamiento puntual del tema se traduzca en el bien de nuestro estado y de nuestro país.

Luis Jorge Montalvo Duarte

En este vídeo podemos apreciar con toda claridad el ejemplo de Hugo Chávez y las candidaturas independientes: